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Las deudas públicas, en una crisis persistente
Hace días, un oyente (empresario autónomo) del programa matinal de Carlos Herrera explicó de forma angustiada en Lancelot Radio Onda Cero, que el Ayuntamiento de la ciudad donde vivía, quiero recordar, le debía unos 200.000 euros y que él ya había cerrado el ejercicio 2008, con el correspondiente pago del impuesto IVA (aplicado en la España peninsular, como el IGIC en Canarias) y que ahora se encontraba en la incertidumbre de cómo pagar el impuesto de sociedades (35% del beneficio) a la Hacienda Pública si él no disponía del dinero. Esto es un ejemplo claro de que es la propia administración pública es la que menos ayuda a paliar la grave crisis que pequeñas, medianas empresas y autónomos están atravesando. Precisamente se está pidiendo constantemente al Gobierno de Zapatero que se diseñe fórmulas para inyectar, sobre todo, a los ayuntamientos para que a su vez estos puedan abonar las deudas a las pymes y, de esa forma, las mismas puedan seguir suministrando a los propios ayuntamientos. Editorializa con acierto el diario ABC que el retraso en el pago de las deudas que tienen pendientes las administraciones públicas puede llegar a ser asfixiante para muchas de ellas… No es de recibo que los ayuntamientos abonen sus deudas con un retraso de casi un año de media… Bueno, en Lanzarote ese periodo se queda corto y conozco caso de deudas impagadas que han traspasado los tres años largos. Según datos oficiales, la deuda total de las administraciones públicas con sus proveedores puede llegar a los 33.000 millones de euros (550.000 millones de las antiguas pesetas). Si a esas escalofriantes cifras le aplicamos el interés de demora, la situación sería alarmante. Si las corporaciones municipales no se sanean, circunstancia dificilísima en los actuales tiempos, y más cuando la mayor recaudación estaba en la recalificación del suelo y en la construcción, sector que ha caído en picado, la debacle puede aún ser mayor.
Cuando hace más de un año advertíamos, por ejemplo, al Ayuntamiento de Arrecife que no revocara el Plan de Ordenación Urbana de Arrecife y el Plan Especial Puerto-Ciudad, no les tembló el pulso a los actuales mandatarios para tirar por la borda instrumentos que hoy si se hubiesen puesto en marcha otro gallo nos cantaría en esta época de desequilibrio económico y donde ya se contabiliza en la isla cerca de 16.000 desempleados. Si a esto unimos la bancarrota de Inalsa y los números rojos de los Centros Turísticos, ciertamente, el panorama que se dibuja en el presente y futuro es desolador para Lanzarote. Y si añadimos los análisis de los expertos de que no se espera una mejora económica en el presente año y que el 2010 aún puede ser peor, las esperanzas se desvanecen y en todos los sectores empresariales y laborales crece la incertidumbre, crece la inestabilidad y crece la venta de ansiolíticos. Si el sector público no dinamiza el panorama económico en esta crisis persistente con dificultades de todo tipo, el naufragio de este país llamado España está más que anunciado. Precisamente ya Bruselas y el propio Fondo Monetario Internacional ya viene advirtiendo al Gobierno español el aumento del déficit público y el peligro de entrar las arcas del Estado en número rojos.
Los sindicatos despiertan
Mientras suceden todas estas alteraciones, los sindicatos lanzaroteños CCOO y UGT anuncian una convocatoria para el 27 de marzo, en “favor del empleo”. Por fin despiertan los colectivos sindicalistas, muy intrépidos y ruidosos en la anterior legislatura. Para la mayoría de la opinión pública resulta extraño el largo silencio de los sindicatos cuando casi 5.800 de los más de 16.000 desempleados han dejado de cobrar el paro. Ellos sabrán, pero me alegro que unos de los objetivos que persiguen con la manifestación sea “exigir a las administraciones públicas de la isla que desatasquen los proyectos de inversión pública y privada que permanecen estancados en las gavetas de los despachos de los actuales mandatarios. Temo por la inopia e ineficacia que hasta hoy han demostrado los actuales dirigentes. Temo que vayan a cambiar sus posiciones “estratégicas”, utilizadas para “engañar” a todo el mundo con su política de sostenibilidad del territorio, hasta el punto, que ya es el hazmerreír de la mayoría de la población de la isla. Sobre todo cuando la máxima mandataria del Gobierno insular abre la boca. Lleva casi dos años, que se dice pronto, con la misma canción, solo modificada en los últimos meses, con algunos vocablos añadidos en chino. Espero que la cruda y difícil realidad le obligue a cambiar los manidos mensajes y la desastrosa gestión y se inicie una nueva etapa con responsabilidad, raciocinio y pragmatismo. A ver si el despertar de los sindicalistas sirve para sacarla de la permanente inopia, demoledora para el presente y futuro de Lanzarote. Porque aquí en esta isla se lleva mucho tiempo jugando con fuego y de seguir así, más temprano que tarde, todos padeceremos una quemadura de amplio grado.
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