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El escándalo de Los Aljibes
Un ejemplo del descaro, la desvergüenza y la ineficacia demostrada por Carlos Espino en el año y medio de gestión de los Centros Turísticos es el turbio asunto del alquiler de las instalaciones de Los Aljibes, en Tahíche. Días atrás LANCELOT TELEVISIÓN demostraba el estado de abandono en el que se encuentra ese Bien de Interés Cultural (BIC) que en su día construyera un privado bajo la dirección artística de César Manrique. Cristales rotos, basura, cables eléctricos fuera de sus cajas, lámparas destartaladas, máquinas de gimnasia herrumbrosas o paredes sucias y desconchadas son algunas muestras del abandono de esta sala de exposiciones. Pues bien, más de una semana después de la denuncia de LANCELOT TELEVISIÓN nadie ha dicho esta boca es mía. Ni Carlos Espino, al que se la sudan Los Aljibes; ni la presidenta del Cabildo, que sigue entretenida jugando a tirar hotelitos; ni la tan sesuda y a veces caprichosa Unidad de Patrimonio del Cabildo; ni a los otrora inquietos trabajadores de los Centros ni a los inquietantes sindicatos. Tampoco los famosos colectivos y agitadores sociales que antes estaban dispuestos a tirar a matar y después preguntar han sido capaces de abrir la boca sobre este dispendio del dinero público. Por el contrario, se han mantenido mudos mirando para otro lado, dejando en evidencia no sólo su cobardía sino también su cinismo. Ese silencio cómplice delata la catadura moral de algunos. Delata su desvergüenza, delata que sólo han luchado para sus oscuros intereses, para recibir prebendas, para vivir del cuento y, sobre todo, para vivir del erario público.
Si esa operación inmoral del alquiler de Los Aljibes por 3.600 euros mensuales durante un periodo de 10 años, sin saberse muy bien con qué objetivo, la hubiera hecho cualquier otro, los amigos del escándalo y de la demagogia fútil de esta sufrida tierra ya hace meses que estarían dando gritos como desalmados. El escándalo del asunto de Los Aljibes lo es por partida doble. Primero, porque resulta vergonzoso que los Centros Turísticos se hayan gastado ya unos 50.000 euros en alquilar unas instalaciones por las que nadie se ha dignado a pasar en el casi año y medio que ha transcurrido desde que se firmó el contrato. Encima, se han gastado ese dinero en plena crisis y sin saberse primero para qué, lo que hace mayor el desatino. Lo lógico -si no hubiera trampa- es que primero se supiera el uso que se les iba a dar a Los Aljibes y luego los alquilasen ¿O no?
La segunda causa del escándalo estaría en la doble moral que Carlos Espino y sus amigos emplean con el rollo del patrimonio. De por sí ya es una desvergüenza que se alquile algo por una cantidad tan onerosa y luego no se le dé uso. Pero en este caso la ignominia es mayor porque se trata de unas instalaciones que están declaradas BIC. Es decir, que la institución que está obligada a defender el patrimonio cultural, la primera que denunció al alcalde de Arrecife por albear y encalar una fachada de un edificio protegido deteriorado y que paralizó las obras de desescombro de La Rocar porque había unas salinas en ruinas es ahora la que abandona y descuida un Bien de Interés Cultural como Los Aljibes, que además ellos mismos han alquilado. Otro ejemplo más de la doble moral y del doble rasero de ese Cabildo de Lanzarote que maneja Espino a su antojo y que preside una mujer que pasará a la historia por dejar que se hundieran dos empresas públicas emblemáticas como Inalsa y los Centros Turísticos. Y mientras eso pasa, todos callados. Todos en silencio. Todos comiendo del percebe.
P.D. Este artículo se escribió antes de que Carlos Espino hiciera unas declaraciones en LANCELOT TELEVISIÓN para justificar lo ocurrido con Los Aljibes. Para lo que dijo, hubiera sido mejor estar callado.
Tampoco los famosos colectivos y agitadores sociales que antes estaban dispuestos a tirar a matar y después preguntar, han sido capaces de abrir la boca sobre este dispendio del dinero público.
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