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“Malo es el hambre y peor es la sed; si la una mata, la otra también”, Julio C. Acerete.
Lanzarote, un diseño erróneo
Posiblemente, en esta isla se haya improvisado demasiado sin un diseño consistente y de futuro. Cuando una isla, pletórica y rica en abundancia, de la noche a la mañana inicia su derrumbamiento económico con una cifra de parados escalofriante, y en menos de seis meses, significa que las cosas no se han hecho bien y el modelo económico seguido ha sido erróneo. Es posible que como mal menor, esto nos sirva para rediseñar de nuevo el porvenir a fin de evitar futuras catástrofes o, al menos estar preparados para afrontarlas. Familia enteras se han visto obligadas a pedir socorro en los comedores públicos porque no tienen ni para comer. Esto sí es triste. Los comedores sociales, estaban realizando una misión encomiable para desamparados y desarraigados de la sociedad, debido a las drogas y el alcohol, y ahora son individuos normales los que acuden al perder sus puestos de trabajo y los subsidios. Reducir la intensidad del fenómeno con un plato de lentejas no va a evitar que la incertidumbre se vaya apoderando en cientos de familias, con previsiones incontrolables. No quiero hacer aquí un canto a la Apocalipsis, pero las noticias que me llegan, plasmadas en el reportaje que se publica en la presente edición, son aterradoras y alarmantes. Y no expongo este problema de forma sensiblera. Según la concejal Emilia Perdomo el mayor porcentaje de desempleados de todo el Estado Español se encuentra en Arrecife. Ahora me viene al recuerdo entregas anteriores publicadas hace más de seis meses cuando avisaba que “venía el lobo y con los colmillos bien afilados”. Pueden consultar las hemerotecas. Fui un defensor a ultranza de los planes de ordenación y planes especiales del puerto-ciudad, porque preveía que la crisis suscitada en EEUU tarde o temprano llegaría a España y, sobre todo, a la isla. No me equivoqué. Y es precisamente la capital la que está pasando la peor situación. Me consta que el alcalde nunca ha coincidido con mis tesis. En el fondo solo le estaba advirtiendo para que se adelantara al futuro y embarcara a la ciudad al siglo XXI, pero todo fue en vano. Sus razones tendrá, no obstante la realidad se le ha vuelto en contra porque por mucho que él no sea culpable de la crisis, si le critico no haber sido más previsor y planificador. Ahora, los propios servicios sociales del Ayuntamiento se encuentran desbordados y con escaso presupuesto para atender a una demanda que cada día crece, simultáneamente al crecimiento del paro. En épocas anteriores, el general Franco enviaba buques aljibes del Ejército Español para el suministro de agua potable a una población que se moría de sed. Igualmente enviaban leche en polvo para saciar el hambre, causas por la que muchos lanzaroteños y majoreros se vieron abocados a emigrar a otras islas del archipiélago y al conteniente americano. La situación ahora es distinta porque la crisis globalizada afecta a todo el mundo.
En este estado de confusión, el diagnóstico para lo que queda del 2009 es desolador si no se frena urgentemente la agonía económica que vive hoy todos los sectores económicos de la isla. Y para ello, los gobernantes públicos con esfuerzo y una gestión firme y convincente pueden cambiar el rumbo y aportar optimismo en las empresas y trabajadores para ir capeando el vendaval económico que en el caso de Arrecife se está convirtiendo en devastador. Y todo porque hemos sido cautivos de una política ciega y falta de estrategia eficaz para atinar bien el destino de los arrecifeños. En estos tiempos de penurias seguir en un callejón sin salida puede ser muy peligroso. Apelo a la responsabilidad de los actuales gobernantes para que ejecuten un cambio sustancial en las formas y maneras de planificar proyectos e inversiones. Para ello, hace falta capacidad de reconversión con el objetivo de dinamizar la economía de Arrecife; de lo contrario, se acrecentarán los problemas sociales y se entrará en una espiral con pronóstico incontrolable y sin fecha de caducidad.
Familias enteras se han visto obligadas a pedir socorro en los comedores públicos porque no tienen ni para comer.
Reducir la intensidad del fenómeno con un plato de lentejas no va a evitar que la incertidumbre se vaya apoderando de cientos de familias, con previsiones incontrolables.
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