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Espantan a inversores potenciales
Cuando la tasa de paro amenaza con llegar al 30% en la isla, determinados gobernantes lanzaroteños hacen lo posible para que inversores potenciales huyan de Lanzarote e inviertan su dinero en otras islas o continentes. El caso de La Rocar, Islote del Francés es el ejemplo más clarificador de lo que digo. Después de largos, larguísimos años de indecisiones políticas, yo añadiría también torpeza política, el Ayuntamiento de Arrecife no sólo declara los terrenos como sistema general, sin fijar partida económica para expropiar e indemnizar al propietario, sino ahora, se va a gastar 737.000 euros para derribar las naves existentes, alegando –estado de ruinas- y que la factura se la pasarán al propietario, Jaime Cortezo. Así de simple. Ya veremos quién paga al final. Pero este derribo no es el fondo de la cuestión y sólo sirve para “marear la perdiz”, deporte favorito de ciertos políticos lanzaroteños que se transforman en pequeños nerones cuando toman decisiones, sin importarles las consecuencias que las mismas pueden acarrear a las arcas públicas. Los ejemplos de Inalsa, el Arrecife Gran Hotel y el “crucero de Doña Chana” se ve que no sirven de experiencia. Pero repito que el fondo de esta interminable historia es que existe una sentencia firme por parte del Tribunal Supremo que declara los 80.000 m² como suelo urbano. La propiedad fija el valor del Islote del Francés en más de trescientos millones de euros. Por mucho que un Tribunal arbitral rebaje el precio, actualmente el consistorio capitalino no tiene dinero ni para comprar un “tractor”. No sería más conveniente llegar a un acuerdo como pregona el mismo PP, porque antes o después el Ayuntamiento tendrá que llegar a una negociación con el propietario, en beneficio de ambos y asunto arreglado.
Salir del suburbio
Los residentes de Arrecife tienen suficientes motivos para sentirse indignados de sus regidores. No sólo ha sido el “epicentro” de la corrupción descubierta por la llamada “Operación Unión”, sino que siguen en sus trece en negar el desarrollo armónico y sostenible de Arrecife, convirtiéndose en cómplices directos en la posible quiebra del propio Ayuntamiento.
En la sociedad arrecifeña y lanzaroteña, general, se denota tedio y una disimulada desesperación. La falta de liderazgo político, en las principales instituciones de la isla -Cabildo y Arrecife-, el pacto PSOE-PIL, roto recientemente, han llevado a la isla a una parálisis general, lo que cada día hace aumentar el desencanto. Es que dos años y medio de legislatura sin hacer nada no hay ninguna sociedad occidental que lo resista. Lo único destacado, en ese tiempo, ha sido la quiebra de Inalsa; poner en aprieto económico a los Centros Turísticos; la operación judicial y policial desatada para combatir la corrupción y convertir la isla con el índice de desempleo más alto de todo el Estado Español. Estos hechos no sólo justifican el miedo en toda la población sino, de continuar la situación actual, llevarnos a un pánico generalizado. Si encima de todo esto, ahuyentamos a posibles inversores potenciales para crear riqueza a la isla y atenuar el desorbitado desempleo, sólo me queda por certificar el temible, pero anunciado, caos social. Yo no sé si los nuevos pactos que se anuncian -por ahora con pocas novedades, una vez rotas las negociaciones CC- PSOE, en el Cabildo- servirán para enmendar el rumbo de Lanzarote. Lo que está claro es que el Cabildo de Lanzarote y los Ayuntamientos de Arrecife y Yaiza no pueden continuar en la situación de inestabilidad en la que se encuentran ni tampoco sería conveniente que siguieran los actuales principales regidores, después de la experiencia vivida, en estos últimos treinta meses. No sé. Estoy confuso y alterado. Lo que sí está claro es que los acuerdos políticos se están alargando demasiado en el tiempo y la isla no puede esperar más. Hay que sacarla urgentemente del suburbio en la que nos metió el pacto PSOE-PIL.
El gran cambio que se espera para los próximos meses -la esperanza es lo último que se pierde- debe de forma urgente recuperar todos los planes aprobados en la anterior legislatura y permitir que los inversores puedan de nuevo ver a la isla como una buena zona para depositar su dinero. El desarrollo armónico, con planes inteligentes y racionales no debe de estar reñido con la política sostenible que se defiende ante políticas especulativas de antaño. No podemos olvidar que la economía de la isla se asienta, fundamentalmente, en el turismo y el comercio y de ellos dependemos, al menos por ahora.
Dicen que cuando Roma ardía, el emperador Nerón contemplaba el devastador incendio muy complacido, tocando un instrumento musical. En Lanzarote, posiblemente, los aspirantes a imitar a Nerón, no toquen la lira porque no saben, pero estoy seguro que brincan como los baifos, observando el “hundimiento” de la isla. Son paradojas que ocurren en una isla llamada Lanzarote a la que, continuamente, se le niega su prosperidad. De pena. En el 2010 ¿seguiremos hablando de los posibles pactos? y ¿de las ruinas de La Rocar?...
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