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| Lancelot Semanal |
| Resumen semanal de las principales noticias |
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Una presidenta insostenible
Algo más de una semana falta para que Lanzarote se libre de la que sin duda ha sido la presidenta del Cabildo más cuestionada en los últimos treinta años y que ha escrito una de las etapas más negras de la isla. Si prospera la moción de censura presentada por los partidos firmantes PP, PIL, PNL y CC la isla se librará, por fin, de la estrambótica gestión de Manuela Armas, que ha llevado esta isla sin ningún rumbo durante los dos últimos años y medio que lleva sentada en el sillón presidencial. Manuela Armas no sólo ha demostrado su incapacidad como gestora sino que, además, ha demostrado su torpeza a la hora de atacar los grandes problemas de la isla. Por el contrario, ha demostrado que posee la rara virtud de que es capaz de coger un problema y complicarlo más. Virtud de la que encima parece alegrarse. La presidenta se ha paseado por la institución insular creyendo que no hablando de crisis ésta no existía; que no hablando de parados, Lanzarote no contabiliza la tasa mayor de desempleados de toda Canarias; que no hablando de Inalsa, la empresa pública no hacía aguas por toda partes; que no hablando de los Centros Turísticos éstos no iban proa al marisco. No sólo no abordó ninguno de los retos de presentes y futuro de la isla sino que se dedicó a empeorar la imagen turística y política en el exterior. Todo un dislate.
Se mostró como una presidenta débil, sin carácter. Siempre dispuesta a seguir las directrices de Carlos Espino al que por cierto, no podía ver ni en pintura antes de las elecciones pero que después no le quedó más remedio que ponerse a sus pies. Tampoco, el actual secretario general del PSOE sentía simpatía alguna hacia ella. Siempre criticó a sus íntimos las carencias de Manuela como gestora y como política pero creía que a la Virgen de Los Dolores, como la llaman todavía, se la podía utilizar para los fines espurios que perseguía el clan del despacho. Encima, el complejo de inferioridad convirtió a Manuela en una presidenta soberbia y sectaria. Una presidenta que sólo quería oír las interesadas alabanzas de sus paniaguados asesores o de los periodistas esponsorizados con el dinero de la institución. Lo cierto, por desgracia, es que deja una Presidencia sin que pueda presumir ni de haber ejecutado o simplemente planteado nada de interés para Lanzarote. Ni un sólo proyecto interesante, ni una sola idea de futuro. Nada de nada. El vacío.
Eso sí, tiene el raro honor de en su mandato ayudar a hundir Inalsa, de que el vertedero de Zonzamas esté envenenando la salud de los arrecifeños y de haber llevado a los Centros Turísticos por el camino de la ruina. Unos Centros que por primera vez en su historia moderna han terminado en pérdidas. Cuando antes las “joyas manriqueñas” dejaban varios millones de euros para que fueran utilizados por el Cabildo, ahora es el Cabildo el que tendrá que prestarle dinero a los Centros Turísticos en detrimento de todos los ciudadanos de la isla. Es verdad que no ha podido cumplir el objetivo que se marcó de cargarse la isla entera como era su intención aunque iba por el camino. Le ha faltado tiempo y algo de suerte.
Nadie va a echar de menos a Manuela de Armas más allá de quienes la han utilizado en su beneficio. Más allá de ese despacho que se ha enriquecido a su sombra y de esos cortesanos que vivían a su alrededor, ahora tan inquietos e inquietantes, el resto de la ciudadanía ha respirado por el alivio. Su forma de actuar ha conducido a esta isla al desasosiego, a crear un ambiente de crispación irrespirable, al empobrecimiento intelectual y económico, al atraso, en definitiva. Manuela Armas se ha convertido en una presidenta insostenible para Lanzarote. Paradoja.
Lancelot
Manuela de Armas no sólo ha demostrado su incapacidad como gestora sino que, además, ha demostrado su torpeza a la hora de atacar los grandes problemas de la isla.
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